El enorme potencial de la agricultura familiar

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Numerosos estudios confirman que la pequeña economía campesina es una gran oportunidad para el desarrollo de los países andinos. Entrevista con Santiago Perry, director de la Corporación PBA y Secretario Técnico del Grupo Diálogo Rural Colombia.

 

La agricultura familiar ha regresado al centro de las discusiones sobre desarrollo en América Latina. Tras algunas décadas en las que las políticas agrícolas se enfocaron casi exclusivamente en la gran agricultura de exportación, el tema de la pequeña producción campesina toma vigencia, empujado por la urgente necesidad de solucionar los problemas de seguridad alimentaria que se avecinan. Para Santiago Perry, Secretario Técnico del Grupo Diálogo Rural Colombia, no se trata simplemente de atender un problema social. En su opinión, “en ocasiones las estrategias implementadas en los países latinoamericanos consideran a la economía campesina como una rémora que impide el desarrollo, desconociendo que es exactamente lo contrario, pues constituye un enorme potencial para la economía de nuestros países y para la seguridad alimentaria”.

 

Las cifras más recientes confirman la importancia de la agricultura familiar en Latinoamérica, en donde representa más del 80 por ciento de las explotaciones agrícolas; aporta entre el 30 y 40 por ciento del PIB agrícola; provee entre 27 y 67 por ciento del total de la producción; ocupa entre el 12 y el 67 por ciento de la superficie agropecuaria; y genera entre el 57 y el 77 por ciento del empleo agrícola en la región. En los países andinos en particular, es suficientemente reconocida su importancia. Según estimativos de FAO-BID (2007) responde por más del 30 por ciento de la producción de cultivos anuales en Colombia, en los que se incluyen los principales alimentos de consumo masivo, con un peso muy alto en maíz y fríjol, y en Ecuador represente el 64 por ciento de la producción de papas, el 70 por ciento del maíz, entre otros renglones. En Bolivia, la agricultura familiar aporta el 70 por ciento del maíz y del arroz y la casi totalidad de las papas y la yuca.

 

En Colombia un estudio reciente de Luis Jorge Garay encontró que los hogares de economía campesina en Colombia ascienden al 12 por ciento del total de hogares en el país, constituyen el 87 por ciento del total de productores agropecuarios, cosechan cerca del 57 por ciento del área dedicada a cultivos agrícolas y responden por el 57 por ciento del volumen de la producción agrícola, excluido el café”, explica Perry. 

 

Adicionalmente, la economía campesina es más eficiente que la gran producción agrícola. En este punto el debate entre expertos es candente y Santiago Perry es claro en afirmar que “los más diversos estudios han demostrado que la pequeña y mediana producción agropecuaria es más eficiente que la grande”. Cita los trabajos de Sen, Norton, Carter, Berry y otros investigadores, quienes recogieron  evidencias empíricas sobre los elevados niveles de productividad agrícola que generan pequeñas propiedades campesinas en países en desarrollo, mayores que los de la gran agricultura. “Eso ha sido verificado en países tan disímiles con Nepal, Pakistán, Paraguay y Nigeria”, indica Perry. Las demostraciones van más allá y parece claro que también en los países desarrollados existe una relación inversa entre el tamaño de las fincas y la productividad. “Con base en información de los censos agrícolas de Estados Unidos, por ejemplo, Rosset demostró que en ese país las fincas pequeñas, aquellas de 27 acres y menos, obtienen ingresos por acre más de diez veces superiores que las grandes”, explica.

 

Esa mayor efectividad de la pequeña finca campesina parece explicarse por un uso más intensivo de la tierra y de los demás recursos naturales y por el tipo de relación laboral. “Mientras que la gran producción se basa en trabajadores asalariados, en muchos casos ocasionales, que no tienen mayor compromiso personal con la actividad productiva, ni un conocimiento detallado del entorno natural de la explotación, y debe invertir considerables recursos en vigilar y monitorear la productividad de sus trabajadores, en la agricultura familiar los trabajadores están conformados principalmente por mano de obra familiar que tiene un interés personal en los resultados de la actividad productiva, conoce en profundidad las condiciones naturales de la finca y hace una atención permanente y esmerada de sus cultivos y animales” dice el Secretario Técnico del GDR Colombia.

 

Las políticas públicas, entretanto, parecen todavía desconocer esta realidad. Perry insiste en que se requiere otorgar un rol más importante a la agricultura familiar, y fortalecerla con “políticas que tiendan a dotarla de recursos productivos - en la cantidad y la calidad requeridas para que los agricultores familiares puedan mejorar sus condiciones de vida y su actividad productiva”, así como a desarrollar sus capacidades para que puedan aprovechar plenamente los activos productivos de que dispongan.

 

Finalmente, sostiene que el fortalecimiento de la agricultura familiar es, sin lugar a dudas, fundamental para la equidad y la reducción de la pobreza. “Dar acceso a los pobres a la tierra y a otros activos productivos contribuye de manera sustancial a reducir la pobreza, como lo han demostrado numerosos estudios”.