¿Qué piensan los habitantes rurales luego del plebiscito?

El viernes pasado asistí a una emocionante asamblea territorial en una de las regiones del Caribe colombiano más afectadas por el conflicto. Numerosos jóvenes, mujeres, miembros de comunidades étnicas y otros habitantes rurales mostraron con orgullo su folclor y los interesantes emprendimientos que están llevando a cabo. Aunque los tópicos a tratar estaban relacionados con innovación y desarrollo rural, en todas las intervenciones de los participantes y en las conversaciones que sostuve en los recesos, la PAZ fue el tema central. Me impactó el conocimiento que tenían de todo lo relacionado con el proceso.

 

Los asistentes estaban esperanzados con los acuerdos, sorprendidos con los resultados del plebiscito e indignados por las descaradas declaraciones del gerente de la campaña del NO sobre la forma como recurrieron a la mentira, las tergiversaciones, el miedo y el odio para promover el voto. Me mostraron la galería que publicó ese día elespectador.com de imágenes engañosas que utilizaron los promotores del NO y me señalaron diversas falsedades, tales como que las FARC no iba a entregar las armas, ni a dejar el narcotráfico, ni el terrorismo y que los acuerdos preveían entregarles “inmensas extensiones” del territorio colombiano y hacer una reforma agraria comunista, e iban contra la moral católica (¿y entonces por qué el Papa apoyó los acuerdos?, preguntaban). Una joven me mencionó que una muestra de la manera en que las mentiras sobre la amenaza castrochavista había calado y sido determinante en la votación, fue el resultado de Cúcuta –la ciudad colombiana que más ha debido sufrir la dramática situación venezolana- donde el NO ganó por más del doble al SÍ (la diferencia en esta ciudad fue cercana a los 75.000 votos y en todo el departamento de Norte de Santander de 123.000, mientras que en todo el país fue de menos de 54.000).

 

Los habitantes rurales de ese territorio, como los de muchas otras zonas del país, y en particular los jóvenes, están muy atentos a lo que está pasando con el proceso de paz. Ante ellos, los promotores del NO perdieron toda autoridad moral. Esperan que propongan pronto unas pocas modificaciones a los acuerdos, que sean realistas, concretas y aceptables para las partes, y demuestren de esta manera que sí quieren la paz. Y consideran que serían los exclusivos culpables si el proceso fracasa, la guerra vuelve a sus territorios y los jóvenes como ellos vuelven a poner los muertos y el sufrimiento.